LEYENDA DE LA CABAÑA DE LA BRUJA

«Arroyo del Agua» es un paraíso rodeado de bosques de pinos y encinos, alguno ya retorcidos de lo ancestral, al bajar a la cañada, encontramos una cabaña antigua de piedra, abandonada; muchos árboles grandes, un arroyo que corría saltarín bajando por bastantes cascaditas y ahí vimos el ojo de agua mentado. Hallamos buenos lugares para acampar, ya que por donde estaba la cabaña, el suelo era plano y grande para acomodar las carpas; se veía también buen lugar para pasar la noche ya que estaba atrincherado contra el viento y el frío. Por los animales salvajes no nos preocupamos mucho ya que andábamos armados, yo traía un revólver 38 de los grandes.


Uno de los vaqueros, al ver mi pistola, se interesó bastante pero el otro, cuando la vio, chistó y bajándose del caballo me preguntó:

—¿A poco cree que eso le ayudará para pasar la noche en este lugar?
—¿A poco cree que no? Animal salvaje o ser extraño que se acerque se le va tronar el cuete –le contesté con tono retador.
—Tenga mucho cuidado al manejarla, pero no crea que le digo eso por los animales o los extraños… yo se lo digo por lo que aquí se aparece –me dijo.
—Ah caray, ¿pues qué es lo que se aparece? –pregunté nervioso.
—Aquí ronda el espíritu de una vieja bruja que dicen se come a las personas, y ya está comprobado que las armas de fuego no le hacen nada. Varias personas le han disparado y dicen que no la matan, que sólo sigue su andar gritando.
—¿Y por qué se aparece aquí, oiga?, ¿aquí se murió? –preguntó el otro vaquero, que al parecer acababa de llegar al rancho y tenía menos experiencia.
—¿Pues quién cree que vivía aquí, en la cabaña?, ¿quieren que les cuente la historia? –preguntó Socorro haciéndose a un lado y sentándose en una sombrita.
—¡Cuéntela! Pa’ luego es tarde –le dije al mismo tiempo que arrancaba una pajita de pasto y me sentaba cerca de él.


—Pues dicen que en tiempos de la Revolución, los Murga –dueños de estas tierras– eran aliados de Pancho Villa por conveniencia y no por convicción, pero le prestaban sus tierras para arrear el ganado robado a los hacendados y llevarlo hacia el norte, donde lo vendían o cambiaban por armas y municiones. También por estas tierras se escondían o transitaban los bandidos sin preocuparse de irse a topar con federales, pero como ve, el camino era largo y los villistas, abigeos y cuatreros necesitaban un lugar donde llegar a refugiarse para descansar, darle de beber al ganado y sobre todo a los caballos. Arroyo del Agua fue el lugar escogido donde hicieron estos corrales y esta cabaña, ¿por qué cree que se eligió este lugar? Pues precisamente por el manantial que fluye aquí, así le darían de beber a las bestias sin necesidad de bajar la cañada pa’ llegar al río. Aquí también vivía una señora ya grande y una bella joven, quienes cuidaban el lugar y atendían a los abigeos haciéndoles tendido y dándoles de comer; ésa era su función. Los bandidos les llevaban provisiones y abastecimientos para que las mujeres pudieran vivir, tuvieran cobijo y con qué dar de comer.


Dicen que uno de los jefes de las gavillas se enamoró de la chamacona y la venía a ver cada vez que había que llevar ganado pa’l norte. El joven le juraba y perjuraba que volvería algún día con buen dinero y se la llevaría para casarse y crear una familia. Así pasó el tiempo y después de unos años la vieja enfermó con un extraño padecimiento que fue empeorando y ya nada pudo salvarla. Cuando la vieja estaba en su lecho de muerte le confesó a su hija que toda su vida había sido bruja y que ella sabía perfectamente dónde estaban enterrados los tesoros de Pancho Villa, en la sierra de Satevó, porque los había espiado convertida en una lechuza, justo cuando los escondían; pero antes de decirle dónde se encontraba la cueva en la que se encontraban los tesoros, la vieja murió de manera cruel. La bella joven quedó sola y cuando el jefe cuatrero la visitó, ella le platicó lo acontecido; a éste le había dado miedo lo que escuchó y relacionó a la madre de la joven con una lechuza y una bola de fuego que los había estado persiguiendo días antes.


Por desconfianza y precaución el joven no comentó nada a la mujer, pero decidió abandonarla. Esa misma noche partirían y ella le dijo que la llevara con él, como había prometido, y que no se atreviera a dejarla sola ni a romper su juramento. Él sonrió y le dijo que pronto volvería por ella, le juró que en tres lunas volvería a la media noche y se la llevaría de ahí, pero eso jamás sucedió, el joven se fue para nunca volver. Para ese tiempo la Revolución había sido ganada y los cuatreros olvidaron los caminos secretos y con ellos se fueron olvidando de llevarle de comer a la joven mujer y ésta, en su desesperación, hambre y soledad, comenzó a mendigar y a andar sin rumbo fijo por los bosques. Dicen que cada tercer día, a la media noche, salía de la cabaña y se ponía a esperar a su amado sentada al lado del manantial donde se reflejaban los cuernos de la luna. Con el tiempo el descuido la hizo verse sucia, fea y harapienta. Dicen que gritaba en las noches y que lanzaba maldiciones apenas inteligibles, entre gruñidos y reproches; que todo el tiempo murmuraba el nombre de su amado y les decía a los caminantes que los seres ocultos de los bosques le llevaban de comer y la cuidaban. Todos la tomaron por loca y maniática y la olvidaron para siempre. Ella juró vengarse de todos y optó –en su locura– por hacerse bruja.


Afirman que una noche de tantas, una lechuza llegó volando y le advirtió que su amado vivía feliz con su familia en un jacalito de un pueblo lejano. La bruja no soportó tal dolor y quiso matar a la lechuza, pero ésta no se dejó y convirtiéndose en un cuervo grande y negro le arrancó los ojos con las garras. La bruja, ciega y con gran dolor, cayó al suelo y murmurando conjuros y maldiciones se transformó en una bola de fuego y huyó fuera de aquí. Nunca nadie volvió a saber de ella, pero dicen que todavía, cada tercer día a la media noche, aparece aquí, en la cabaña, esperando a su amado y devorando al que no es.


—¡Ah chingao!, ¿a poco todo es verdad? –preguntó muy consternado el otro vaquero.
—Pues yo nomás lo cuento como me la contaron. La verdad sí pasan cosas extrañas en este lugar, sobre todo en las noches, pero pos quién sabe –argumentó Socorro – aquí nosotros no nos quedamos en las noches ni de locos.

Yo me quedé algo serio, había escuchado de las lechuzas y de las bolas de fuego, pero nunca una leyenda tan cruel y tenebrosa, aun así no me dejé amedrentar.

—Pues si viene esta noche a conseguir galán, aquí va a tener de dónde escoger –les dije y todos nos carcajeamos al mismo tiempo…

MEMORIAS DE UNA TIERRA BRAVA. Travesía Revolution.

Un comentario

  1. Me encantó! Disfruto mucho la forma en la que relatas y haces que nos adentremos en la historia; mi imaginación empieza a volar y recrea una película en mi mente de todo lo que estoy leyendo.
    Espero se haya aparecido esa noche y le haya dado un beso al más guapo de los hombres que estaba ahí

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